En los primeros años de vida de los niños es muy importante la relación individualizada niño/a-adulto, ya que supone un primer escalón en el descubrimiento que hacen de sí mismos y de su entorno inmediato.
Dentro de la vida cotidiana del niño/a en el hogar, hay muchos momentos en los que se establece este trato individualizado. Uno de los que lo posibilitan son los juegos de falda.
El educador o educadora, mientras juega con el niño/a sentado en su regazo (falda), le transmite su afecto, le hace mimos, lo columpia, capta su atención con la mirada y se comunica con él/ella. Estos juegos permiten establecer una relación muy íntima entre el niño/a y el adulto.
Consideramos el juego de falda como un juego que, en un principio, es iniciado por el adulto, se expresa mediante una tonadilla o canción y conlleva un contacto directo e individualizado.
Muchas veces tiene un carácter totalmente espontáneo; otras veces es provocado por el interés del adulto. Estos juegos no solo posibilitan la relación entre el niño/a y su educador/a, sino que también pueden servir para establecer un vínculo con otros docentes del centro, ya que en este ciclo la relación con los diferentes profesionales de la escuela es muy familiar y cercana.
Consideramos que los juegos de falda no deben dejar de hacerse a esta edad, sino que deben continuar realizándose en edades posteriores, ya que afectivamente el niño/a sigue necesitando este tipo de juego. Por otra parte, son un paso previo a los juegos danzados, colectivos y rimados.